CAPITULO V.-
EXISTENCIA NEGATIVA
Cuando el esoterista se
propone formular su filosofía para comunicársela a Los demás, se encuentra ante
el hecho de que este conocimiento de Las formas superiores de la existencia se
obtiene por procedimientos distintos del pensamiento, y que estos procesos
recién comienzan cuando se supera al pensamiento mismo. Por lo tanto, Las ideas
trascendentales y superiores sólo pueden ser conocidas y sólo pueden comunicar
esas ideas a Las personas capaces de elevarse hasta esa esfera de conciencia.
Cuando tiene que comunicar esas ideas a Los que aún no han experimentado ese
modo de conciencia, tiene que cristalizarlas y darles forma o fracasa por
completo en dar la impresión adecuada. Todos Los místicos han empleado cuanto
símil imaginable han podido concebir, con objeto de transmitir sus impresiones;
Los filósofos se han perdido realmente en una maraña de palabras y todo ello de
nada ha servido en lo que concierne al alma que aún no ha recibido cierta
iluminación. Sin embargo, Los cabalistas emplean otro método. No tratan de
explicar a la mente lo que la mente es incapaz de comprender, sino que
suministran una serie de símbolos para meditar, Los cuales permiten crear una
escala de realización, grado por grado, permtiendo así ascender cuando no se
puede volar. La mente es tan incapaz de captar la filosofía trascendente como lo
es el ojo para ver la música.
El Árbol de la Vida no
representa tanto un sistema como un método, y Los que lo formularon tuvieron
presente que para obtener claridad en la visión es necesario circunscribir el
campo de la vista. La mayoría de Los filósofos fundaron sus sistemas sobre el
Absoluto pero éste no es un fundamento firme, ya que la mente humana no puede ni
definir ni captar lo Absoluto. Otros tratan de utilizar una negación para su
fundamento, declarando que Absoluto es y debe ser siempre incognoscible. Los
cabalistas no hacen ninguna de Las dos cosas sino que se limitan a decir que lo
Absoluto es desconocido para el estado de conciencia normal de Los seres
humanos.
Por consiguiente, para sus
fines, ponen un velo en cierto punto de la manifestación, no porque allí no haya
nada, sino porque la mente, como tal, tiene que detenerse allí. Cuando la mente
humana haya sido llevada a su más alto grado de desenvolvimiento y la conciencia
sea capaz de desprenderse de la misma por así decirlo, quedando por encima de
ella, entonces podemos penetrar en Los velos de la Existencia Negativa, según se
le llama.
Para todo propósito práctico
podemos comprender la Naturaleza del Cosmos si aceptamos Los Velos como
convenciones filosóficas y nos damos cuenta de que corresponden a Las
limitaciones humanas y no a Las condiciones cósmicas mismas. El origen de Las
cosas es inexplicable en términos filosóficos. Por más lejos que alcancemos en
nuestra retrospección hacia Los orígenes del mundo de manifestación, siempre
encontraremos una existencia precedente. Solamente cuando aceptamos correr un
Velo de Existencia Negativa en el sendero que lleva a Los primitivos principios,
es cuando logramos un fondo sobre el cual resulta visible la Causa Primera. Y
esta Causa Primera no es un origen sin raíces, sino meramente la Primera
Apariencia en el Plano de la manifestación. La mente no puede ir más allá,
aunque, sin embargo debemos recordar que las distintas mentalidades pueden
recorrer diferentes distancias, y para algunas el Velo debe ponerse en un sitio
y para otras en otro.
El ser humano ignorante no va
más allá del concepto de Dios como un anciano, con una larga barba blanca,
sentado en un Trono de Oro, y dando órdenes a la Creación. El hombre de ciencia
irá poco más allá antes de verse obligado a tender el Velo que llama éter, y el
filósofo irá todavía mucho más allá antes de tender el Velo que llama Absoluto.
Pero el Iniciado irá mucho mas allá, porque ha aprendido a pensar por medio de
símbolos y los símbolos son para la mente lo que las herramientas son para
manos: una aplicación extensiva de sus poderes,
El Cabalista toma como punto
de partida Kether, la Corona, el Primer Sephirah, que simboliza la cifra I, la
Unidad, el punto dentro del circulo. Detrás de esto, coloca Los Tres Velos de la
Existencia Negativa. Esto es muy distinto que tratar de partir del Absoluto y
seguir así el trabajo hasta la Evolución. Quizá no conduzca inmediatamente hasta
un conocimiento preciso y completo del origen de todas las cosas, pero permite a
la mente tener un punto de partida, y si no tenemos un punto de partida, menos
podemos esperar tener uno de llegada.
Por lo tanto el Cabalista
empieza donde puede, o sea en el punto que está todavía dentro del alcance de la
conciencia finita. Kether equivale a la forma o concepto más trascendental que
podemos concebir de Dios, cuyo nombre es Ehieh, que la versión autorizada de la
Biblia traduce como "Yo Soy", o, más claramente, el Ser Puro, Unico, Existente
por Sí Mismo.
Pero estas palabras son
palabras y nada más, a menos que sean capaces de transmitir algo a la mente, y
en sí mismas no pueden hacerlo. Hay que correlacionarlas con otras ideas antes
que se logre ese objeto o tengan algún significado. Sólo empezamos a comprender
a Kether cuando estudiamos a Kjokmah (Chokmah), el Segundo Sephirath, su
emanación. Y en realidad, sólo cuando vemos todo el desenvolvimiento de Los diez
Sephiroth estamos en condiciones de aproximarnos a Kether, haciéndolo con Los
datos que nos da la clave de Su Naturaleza. Al trabajar con el Árbol de la Vida
es mucho mejor mantenerse siempre en marcha más bien que detenerse en un punto
determinado hasta haberlo dominado por completo, porque cada cosa explica la
otra, y la iluminación es el resultado de la percepción de Las relaciones entre
Los diferentes símbolos. Nuevamente repetimos que el Árbol de la Vida es un
método para utilizar la mente y no un sistema de conocimiento.
Sin embargo, por el momento,
no nos estamos ocupando del estudio de Las Emanaciones, sino de Los orígenes
hasta donde la mente humana es capaz de penetrarlos, y, por paradójico que pueda
parecer, entraremos aún mucho más allá tan pronto como tendamos el Velo, mucho
más que si tratáramos de penetrar sin él a través de Las tinieblas. Por lo
tanto, resumiremos la posición de Kether en una sentencia, que quizá tenga poco
o ningún significado para el estudiante que considere por primera vez la
materia, pero que, si se conserva en la mente, comenzará a desenvolver su
significado vívidamente más tarde. Al hacerlo así nos atenemos a la antigua
tradición esotérica de dar al estudiante un símbolo para que lo geste hasta que
lo dé a luz en su mente, en vez de darle instrucciones explícitas, que en
realidad no le dirían nada preciso. La sentencia germinal que echamos
intencionalmente en la subconsciencia del lector es la siguiente: "Kether es el
Malkuth del Inmanifestado". Dice Mathers en la obra citada: "El océano Infinito
de la Luz Negativa no procede de un centro, porque carece de él, sino que se
concentra en un centro que es el numero Uno de Los Sephiroth manifestados,
Kether, 1a Corona, el Primer Sephirah".
Las palabras en sí mismas son
contradictorias e incomprensibles. La Luz Negativa no es más que una manera de
decir que lo que se describe, aunque tiene ciertas cualidades en común como la
Luz, no es, sin embargo, Luz, tal como la conocemos, lo cual en verdad, nos dice
muy poco acerca de lo que se nos quiere describir. Por lo tanto se nos dice que
no cometamos el error de pensar en ello, como Luz, por la sencilla razón de que
la mente no está en condiciones para formar imágenes que la representen y, por
consiguiente, debe dejar la cuestión sola, hasta que se produzca el crecimiento
indispensable. No obstante, aunque estas palabras no nos digan lo que deseamos
saber, transmiten ciertas imágenes a la imaginación, Las cuales se van
sumergiendo en mente subconsciente, donde mucho después evocarán ciertas ideas
que penetrarán en la mente consciente y que están relacionadas con aquéllas. Así
es como el conocimiento va surgiendo cuando se dá al método de la Cábala su
aplicación práctica, que es el Yoga del Occidente.
Los Cabalistas reconocen
cuatro planos de Manifestación y tres planos de Inmanifestación o Existencia
Negativa. Al primero de éstos se le da el nombre de "Ein" (Ain), negatividad; al
segundo "Ein Soph", lo Ilimitado, y al tercero "Ein Soph Aur", la Luz llimitada.
De esta última se concentra Kether. Estos tres términos son Los Tres Velos de la
Existencia Negativa que están tras Kether. En otras palabras, son Los símbolos
algebraicos que nos permiten pensar en lo que trasciende al pensamiento y que a
la vez ocultan aquello que representan: son como la máscara. Realidades
Trascendentales.
Si pensamos acerca de los
Estados de existencia negativa en términos de cualquier cosa que conozcamos,
cometeremos un error porque sean lo que sean, no pueden ser lo que pensemos, ya
que son Inmanifestados.
La expresión "Velos" nos
enseña, por lo tanto, que no sirven más que de fondo, carecen de valor en sí
mismos, pero nos son útiles en nuestros cálculos, ideas que, de otra manera,
serían inconcebibles. Como la esencia del Árbol de la Vida reside en el hecho de
que hace que sus símbolos se expliquen unos a otros por medio de sus posiciones
relativas, estos Velos sirven como pedestales para el pensamiento,
permitiéndonos sostenernos en regiones todavía desconocidas para nosotros. Sin
embargo, esos Velos, si bien ocultan lo que representan, nos permiten ver
claramente aquello a lo cual sirven de fondo, y esa es su función y objeto.
Son nuestras propias
limitaciones las que hacen indispensables esos símbolos insolubles, que se
presentan a nosotros, pero la mente disciplinada en la filosofía esotérica,
pronto aprende a trabajar dentro de estas limitaciones y acepta como Velos
puestos al símbolo de lo que está más allá de su alcance. Así es como recorre el
camino de la sabiduria, porque la mente va creciendo con aquello de que se la
alimenta, y un buen día, cuando hayamos logrado ascender hasta Kether, podremos
tener la esperanza de elevar Los brazos y desgarrar el Velo, y contemplar la Luz
Infinita.
El Esoterista no se limita a
sí mismo declarando que lo Desconocido es siempre Desconocible, porque sobre
todas las cosas es un evolucionista y sabe que lo que hoy no se puede abarcar,
puede muy bien ser realizado en el mañana del tiempo cósmico. También sabe que
el tiempo evolutivo es un asunto individual en los mundos internos y que se
mide, y no se regula, por la revolución de la Tierra sobre su propio eje.
Esos tres Velos: Ein,
Negatividad; Ein Soph, Ilimitado, y Ein Soph Aur, la Luz Ilimitada o Infinita,
aunque no podamos comprenderlos, sugieren ciertas ideas. Negatividad quiere
decir Ser o existencia cuya naturaleza no podemos comprender. No podemos
concebir una cosa que es y que sin embargo, no es. Por lo tanto, tenemos que
concebir alguna forma de ser de la que jamás hayamos tenido experiencia
consciente; la forma de un ser que, según nuestros conceptos de la existencia,
no exista y que, sin embargo, si es que podemos decirlo así, exista de acuerdo
con su propia idea de la existencia. Para usar Las palabras de un gran sabio
podríamos repetir: "Hay muchísimas más cosas en Los Cielos y en la Tierra de Las
que podamos soñar en nuestra filosofía".
Pero, aunque digamos que la
Existencia Negativa está fuera del alcance de nuestra realización, esto no
significa que estemos fuera del radio de su influencia. Si así fuera, podríamos
descartar eso por completo y nuestro interés terminaría definitivamente. Por el
contrario, aunque no tengamos acceso directo a su ser, todo cuanto sabemos que
existe tiene su raíz en esta Existencia Negativa, de manera que aunque no
podamos conocerla directamente, podamos tener experiencia de la misma, aunque
remota. En otras palabras, aunque no podamos conocer su naturaleza, conocemos
sus efectos, de la misma manera que si bien ignoramos lo que es la electricidad
en sí misma, sin embargo podemos hacer que nos sirva en nuestra vida, y de
nuestra experiencia de sus efectos podemos llegar a conclusiones ciertas
concernientes por lo menos a las cualidades que posee.
Los que han penetrado más
profundamente en lo Invisible nos han dado descripciones simbólicas gracias a
las cuales podemos dirigir nuestra mente en dirección a lo Absoluto, aunque no
podamos alcanzarlo. Han hablado de la Existencia Negativa como Luz: "Ein Soph
Aur, la Luz Infinita". También han hablado de la Primera Manifestación como
Sonido: "En el Principio era el Verbo".
Recordamos haber oído decir
una vez a un hombre a quien consideramos como un gran Adepto, lo siguiente: "Si
queréis saber lo que es Dios, puedo decíroslo en tres palabras: Dios es
presión". Y de inmediato brotó en nuestra mente una imagen seguida de una
realización. Pudimos concebir el flujo de la Vida a través de todos los medios y
canales de la existencia. Sentimos que habíamos logrado una verdadera
realización de la naturalez de Dios. Y. sin embargo, si nos ponemos a analizar
fríamente esas palabras, no hay en ellas absolutamente nada. No obstante, tenía
el poder de transmitir una imagen, un símbolo, y la mente, operando en el reino
de la intuición, más allá de la razón, alcanzaba una realización, aunque esa
realización sólo pudiera reducirse, a la esfera del pensamiento concreto, a una
imagen.
Es necesario que nos demos
cuenta de que en esas regiones abstractas la mente sólo puede usar símbolos,
pero esos símbolos sólo tienen el poder de transmitir realizaciones a la mente
que sabe cómo utilizarlos. Esos símbolos son los gérmenes mentales de donde
brota la comprensión, aun en el caso de que no seamos capaces de expandir y
transformar el símbolo en una realización concreta.
Poco a poco como una marea
ascendente, la realización va concretando lo Abstracto, asimilando y expresando
en términos de su propia naturaleza cosas que pertenecen a otra esfera, y
cometeríamos un gravísimo error si tratáramos de probar con Herbert Spencer que
porque una cosa es actualmente desconocida para la mente que poseemos, tiene que
permanecer desconocida para siempre. EL tiempo no sólo va aumentando nuestros
conocimientos, sino que la Evolución acrecienta nuestras capacidades, y la
Iniciación, que es la Evolución forzada, aporta facultades anticipándose a la
estación normal y llevando la conciencia del Adepto a una expansión que le
permite vastas captaciones, muchísimo más allá de las que puede alcanzar la
mente humana común. Estas ideas, aunque el Adepto las comprende perfectamente en
su nueva conciencia, no le es posible transmitirlas a otros si no participan de
su misma conciencia. Sólo puede expresarlas en forma simbólica, pero todo aquel
que haya tenido experiencia más amplia podrá captar esas ideas en su propio
plano, aunque no pueda transportarlas a la esfera del pensamiento consciente.
Es de esta manera como en la
literatura esotérica se diseminan gérmenes o ideas germinales tales como “Dios
es presión”, o "Kether es el Malkuth de la Existencia Negativa". Estas imágenes,
cuyo contenido no pertenece a nuestra esfera, son los gérmenes masculinos de
pensamiento, que fecundarán el óvulo de la realización concreta. En sí mismos,
son incapaces de mantener más que una existencia fugitiva en la conciencia, como
un relámpago de realización; pero sin ellos, el óvulo del pensamiento filosófico
quedaría estéril. Sin embargo, impregnado por ellos, su substancia es absorbida
y se pierde en el acto mismo de la impregnación, y entonces comienza el
crecimiento dentro del informe germen mental, hasta que, ultérrimamente, después
de la debida gestación la mente da a luz a una idea en el umbral de la
conciencia.
Si queremos sacar el mayor
partido posible de nuestra mente, es necesario que aprendamos a dejar pasar
tranquilamente ese período de latencia, de gestación, después de que haya sido
impregnada por algo externo de nuestro plano de existencia, hasta que la
gestación culmine su obra más allá del umbral de la conciencia. Las invocaciones
de las ceremonias iniciatorias tienen por objeto precisamente atraer esa
influencia impregnante sobre la conciencia del candidato.
De ahí que los Senderos del
Árbol de la Vida, que son las gradas de la iluminación del alma, estén
íntimamente asociados con el simbolismo de las ceremonias iniciatorias.