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Libro: Enseñanzas Secretas del Popol Vuh

CAPÍTULO 5.

NACIMIENTO DE LOS GEMELOS

Nacimiento de los Gemelos. Enseñanzas Secretas del Popol Vuh. Gnosis

El nacimiento de los gemelos: Maestro-Mago (Hunahpú) y Pequeño-Sacerdote-Solar (Ixbalanqué), es todo un portento mágico que debe operarse en el interior de cada uno de nosotros.

«Llegó el momento del nacimiento de Maestro-Mago (Hunahpú) y Pequeño-Sacerdote-Solar (Ixbalanqué), nacieron en el monte, la abuela no quiso verlos, más tarde los llevaron a la casa, pero no podían dormirse, lloraban mucho, por lo que la abuela pidió que los sacaran, sus hermanos mayores aprovechando, los dejaron en un hormiguero, para que murieran, pues sentían envida de ellos, pero en lugar de ser destrozados por las hormigas, durmieron tranquilamente, luego los llevaron a los espinos y en lugar de que éstos los hirieran es ahí donde realmente pudieron descansar»

Que hayan nacido en el monte, es algo muy interesante, pues el trabajo que puede conducirnos a la verdad, generalmente se ha representado por una montaña o monte. Así, que si alguien trabaja en verdad por conocerse a sí mismo, descubre, reconoce y comprende sus propios errores, estará por derecho en el camino iniciático, en el monte, y podrá vivir el milagro de que los gemelos divinos nazcan en su interior.

Maestro-Mago (Hunahpú) y Pequeño-Sacerdote-Solar (Ixbalanqué), son el símbolo del desarrollo anímico, el nivel espiritual que puede lograr alguien al enfrentarse a sí mismo.

Al principio, al nacer los gemelos, representan el pequeño porcentaje de conciencia libre, aquella que no está todavía encarcelada en el ego, que a saber de los estudios de gnosis, normalmente tenemos un 3%.

Conforme logremos liberarnos de tantas cadenas psicológicas, los gemelos significarán el alma totalmente liberada y por último representarán el Cristo íntimo encarnado. Es por ello, que sus nombres nos hablan de una capacidad de transformación, veneración y sabiduría.

La intranquilidad de los gemelos en la casa de la abuela, indica esas inquietudes místicas que algunas personas sienten en su vida, que no se conforman con lo que normalmente viven, que sienten que les hace falta algo más, que no les basta con eso de nacer, crecer, comer, envejecer y morir. Al seguir una vida lejos de la espiritualidad, el alma sufre, añora la libertad, no está contenta al estar inmersa en el materialismo grosero.

Las hormigas son el símbolo de trabajo, organización, tenacidad, el que ahí dejen de llorar, es que solamente cuando se está trabajando intensamente sobre sí mismo, es cuando la esencia se tranquiliza, es cuando se siente que está cumpliendo con su verdadero deber en la vida.

El que estén verdaderamente descansando en las espinas, sin que éstas les hagan daño alguno, es utilizar la fuerza de la voluntad dirigida al cambio interno, las espinas, como en la corona del Cristo o la espada de las leyendas, es tener constancia en el trabajo, porfía, la voluntad liberada de las ansias del deseo.

«Maestro-Simio (Hunbatz) y Maestro-Mono (Hunchohuén), hermanos mayores de los gemelos, habían heredado la sabiduría de sus padres, eran flautistas, pintores, talladores, sabían de su nacimiento y del nacimiento de sus hermanos menores, estaban conscientes de ser los sucesores de los Magos (Ahpú), muertos en el inframundo; a pesar de todo ello, odiaban a sus hermanos menores, les tenían envidia, los trataban mal, sin que ellos los hubieran ofendido»

Aquellos que, en un momento dado, tenemos acceso a un conocimiento espiritual,  nos hacemos herederos de la sabiduría de los Magos (Ahpú), los que tenemos en nuestras manos la gnosis milenaria, pero que no la plasmamos en los hechos prácticos de la vida, nos gusta sólo la teoría, y seguimos siendo los mismos que antes; es obvio que tal actitud, nos llevará a hechos desastrosos, tal como le ocurrió a los hermanos mayores Maestro-Simio (Hunbatz) y Maestro-Mono (Hunchouén).

«Crecieron en el monte los gemelos: Maestro-Mago (Hunahpú) y Pequeño-Sacerdote-Solar (Ixbalanqué), pues sus hermanos mayores no los procuraban, no les querían, no les daban de comer. Los gemelos traían todos los días pájaros para comer y sus hermanos mayores se los comían todos, sólo hasta que acabasen, entraban a comerse el resto. Pero no se enojaban, sabían de su destino y conformes, actuaban»

La actitud de Maestro-Mago (Hunahpú) y Pequeño-Sacerdote-Solar (Ixbalanqué), es la actitud que debemos tomar ante las adversidades de la vida, en lugar de quejarnos y de echarle la culpa a todo el mundo de nuestros sufrimientos, tenemos que comprender que uno es el culpable de lo que nos sucede, que el blasfemar no nos conduce a nada, no resuelve nada y seguimos igual. Mejor es ponerse a trabajar por los demás, hacer buenas obras para pagar nuestras deudas kármicas, que nosotros hemos causado.

Castigo a Maestro-Simio (Hunbatz) y Maestro-Mono (Hunchouén)

Pero nuestras actitudes negativas hacia los demás, tarde o temprano son cosechadas, y el que uno, a pesar de que tiene la sabiduría en sus manos, no la aplica en los hechos, y aún más, sigue dañando a sus semejantes, tarde o temprano, habremos de cosecharlo.

«Un día, llegaron los gemelos sin pájaros para comer, aludiendo que estaban en un árbol muy alto, que sólo sus hermanos mayores los podrían alcanzar, en la mañana siguiente van a donde habían señalado y efectivamente habían muchos pájaros de muchas variedades, pero ninguno caía. Los hermanos mayores Maestro-Simio (Hunbatz) y Maestro-Mono (Hunchouén) se subieron al árbol y tan pronto lo hicieron éste empezó a engrosar y a crecer, de tal forma que no pudieron bajar ya. Acomodaron su ceñidor para bajarse, transformándose en simios y se internaron en el bosque»

No es posible que alguien que se considere con un conocimiento superior trate mal a sus padres, a su pareja o a sus hijos, que se llene de odio y orgullo, que se crea uno bueno, sólo por tener acceso a la enseñanza.

Este tipo de conducta trae aparejada nuestra degeneración, representada por el simio. La sabiduría debe demostrarse con hechos palpables, claros, si se llena nuestro corazón de envidia por el progreso de los demás, toda posibilidad de desarrollo interior se detiene.

«La abuela desconsolada, suplicó que regresaran sus nietos mayores, y los gemelos le dijeron que sólo podían volver si pasaba una prueba, iban a atraerlos con música de la flauta y el tambor, pero que al verlos no debería de reírse. Tocaron la música y los hermanos mayores regresaron en forma de simios, bailando; pero cuando los vio con sus feas muecas, la abuela se río y los hermanos mayores se fueron al instante. Por segunda vez, tocaron la flauta y volvieron bailando, haciendo monerías hasta que la abuela soltó la carcajada. Por tercera vez probaron tocando de nuevo y volvieron los monos, subieron por la cocina, se hacían muecas, se espantaban entre ellos y no pudo resistir la abuela y terminó riéndose. Por cuarta vez tocaron la flauta pero no volvieron»

La prueba que se le pone a la abuela, el de no reírse, representa el ser serios y definidos con el trabajo interior, el que no se haya aguatando la risa simboliza la falta de seriedad de parte del candidato al camino a la sabiduría, la superficialidad, el no comprometerse en serio a realizar el trabajo por el despertar de la conciencia.

Muchos de nosotros suponemos que el transitar en camino a la verdad es como ir al cine o jugar algún deporte para distraerse. La risa de la abuela es la insensatez, el hacer cosas completamente contrarias a lo que pretendemos ser, si buscamos la sabiduría, nuestros hechos deberían reflejar sabiduría. Si lo que queremos es acercarnos a la divinidad, cada pensamiento, sentimiento y acción debería estar acorde con la verdad y el amor.

«Maestro-Simio (Hunbatz) y Maestro-Mono (Hunchouén) hicieron grandes cosas cuando estaban en la casa con la abuela, eran invocados por los artesanos, cantores, talladores y pintores, pero degeneraron en animales a causa del odio que dejaron entrar en sus corazones»

Es muy importante que ante todo haya amor por los demás, es una tremenda responsabilidad el que uno acceda a conocimientos superiores, debe ver a cada ser humano como su hermano y demostrar con hechos ese amor fraternal.

Si nos tornamos egoístas, si solamente queremos el bienestar para uno, no importándonos el dolor ajeno, fracasaremos en este sendero. Debemos tomar como si fuera de uno el sufrimiento de los demás y realizar verdaderamente acciones que ayuden a aliviar el sufrido corazón de la humanidad.