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Libro: Enseñanzas Secretas del Popol Vuh

CAPÍTULO 3.

LA VIRGEN IXQUIC

La Virgen Ixquic. Enseñanzas Secretas del Popol Vuh. Gnosis

Ixquic se traduce como “la de la Sangre”, dicen los antiguos proverbios que la luz brota de las tinieblas, rasguemos el velo del misterio y busquemos el origen de los gemelos: Maestro-Mago (Hunahpú) y Pequeño-Sacerdote-Solar (Ixbalanqué).

«Había una virgen de nombre Ixquic (la de la sangre), hija de uno de los príncipes del inframundo, Reúne-Sangre (Cuchumacuic) era su padre. La joven Ixquic se admiró de todo lo que le contaba acerca del árbol que floreció de la nada, supo de las terribles advertencias sobre quien se dirigiera a ese lugar»

Es interesante saber, que la joven Ixquic, parte fundamental de este relato, sea hija de uno de los príncipes de Xibalbá, indicándonos con esto uno de los misterios más grandes: así como el perfume de una rosa surge del lodo de la tierra, de alguien como nosotros, llenos de defectos psicológicos y faltos de toda virtud, puede surgir la luz del conocimiento verdadero.

«La doncella Ixquic, quebrantando toda advertencia, se dirige al árbol donde están las cabezas de los Magos (Ahpú). Frente al árbol extasiada contemplando los frutos, uno de ellos era el cráneo de Supremo-Maestro-Mago (Hun-Hunahpú) entremezclado entre todos los frutos y éste le preguntó que si los deseaba, ella contestó que sí, entonces Supremo-Maestro-Mago (Hun-Hunahpú) le pidió que extendiera su mano derecha y le escupió en la mano, tan pronto la joven Ixquic volteó a ver su mano, ya había desaparecido la saliva y en ese momento (y sin contacto con varón) ya había concebido»

Paralelas extraordinarias encontramos en todo el mundo, referentes a este hecho, basta recordar la concepción de Huitzilopochtli (señor de la guerra azteca), cuando su madre Coatlicue (la de falda de serpientes) barriendo recoge unas plumas que bajan del cielo y al colocarlos en su vientre queda embarazada; del nacimiento del maestro Jesús, encontramos la misma simbología con la virgen María y la paloma del Espíritu Santo.

Estas sorprendentes similitudes nos hablan de un nacimiento interno logrado en base a incesantes purificaciones, ya con las plumas que descienden del cielo, ya con la paloma del espíritu santo, ya con la saliva de Supremo-Maestro-Mago (Hun-Hunahpú). Es el llamado a trabajar transmutando nuestras energías que nos trajeron al tapete de la existencia, es decir nuestras energías sexuales, pero sabiamente canalizadas, trascendiendo el mal uso de ellas.

«Y así se realizó, por la magia de las palabras del Corazón del Cielo: Maestro-Gigante (Kakulha-Hurakán), Huella-de-Relámpago (Chipi-Cakulha), Esplendor-de-Relámpago (Raxa-Cakulha)»

Éstas son las ordenanzas de lo divinal, del Corazón del Cielo maya; salimos del paraíso terrenal por comer el fruto prohibido, y sólo dejándolo de comer podremos retornar al Edén. Al mentir nos alejamos de la verdad que es el Padre, al odiar nos alejamos del amor que es el Hijo y al abusar de la sexualidad, nos alejamos del Espíritu Santo que es castidad.

«Pasaron seis lunas, y su embarazó quedó al descubierto, esto molestó mucho a su padre, quien al pedir consejo con los jefes supremos del inframundo, determinaron que si no confesaba fuera sacrificada lejos de ahí. Inútiles fueron los esfuerzos para que dijera quién era el padre, la joven Ixquic se limitó a decir “Padre, no he conocido rostro de varón alguno”»

Las seis lunas que pasan antes de que se den cuenta del embarazo, es la estrella de Salomón, las fuerzas masculinas representadas por el triángulo con el vértice hacia arriba y las femeninas simbolizadas por el triángulo con el vértice hacia abajo.

La sabia combinación de las fuerzas femeninas y masculinas permiten que se desarrollen las fuerzas solares en el ser humano, pero obviamente no hablamos del infra-sexo que la humanidad de esta época practicamos, sino de ver en la pareja y en el amor, el camino de salvación.

El Árbol Rojo

«Los señores de Xibalbá envían a los cuatro búhos a sacrificar a la joven Ixquic y les dan un recipiente, para que como prueba les entreguen el corazón de la doncella. Estando ya para sacrificarla, Ixquic les pide a los búhos que no la maten, que ella es inocente. “No me matéis” –les dijo la virgen Ixquic a los búhos–, “y en cambio serán de verdad de vosotros los verdaderos fornicadores”»

Los cuatro búhos mensajeros de Xibalbá, son la ley de causa y efecto (Karma) en contra del aspirante a la sabiduría, resultado de lo que en esta y pasadas existencias de negativo se ha hecho y que irremediablemente habremos de pagar; pues lo que uno siembra eso tendrá que cosechar.

«Los Búhos le creen, pero no saben qué hacer, pues les ordenaron que regresaran con el corazón, entonces Ixquic le hace una incisión a un árbol de granate rojo, cuya savia es roja como la sangre, y en el recipiente destinado para llevar el corazón se depositó la savia de ese árbol, formándose al coagularse la forma de un corazón»

Pero el karma no sólo se paga con dolor, también es posible pagar con amor, ayudando a nuestros semejantes. Por ello es que el corazón (amor) es formado por la savia del árbol de sangre, la sangre es el símbolo de la vida y del sacrificio. Es decir, que trabajando por la humanidad con amor es posible que uno trascienda el karma generado por la manifestación de nuestros defectos psicológicos.

«Los búhos le dijeron: “Asciende a la superficie de la Tierra, que nosotros te seguiremos después y te sabremos servir”, al quemar el supuesto corazón frente a los de Xibalbá notan un aroma delicioso, es así como fueron engañados y vencidos por la joven Ixquic, los señores de Xibalbá»

Los búhos que primero sirven a los señores de Xibalbá (el karma en contra), puede cambiar, si nuestros actos son el resultado de un recto pensar, un recto sentir y un recto obrar y entonces la ley del karma se pone a nuestro favor.