La Diosa madre muerte, el principio femenino totonaca.

Zona Arqueológica Cempoala, Fotografías tomadas por alumnos del ICQ
Señala Don Emmanuel Kant, el filósofo alemán:
"Lo exterior es lo interior".
Nosotros nos quejamos del estado caótico en que vivimos en nuestro desolado mundo: que hay violencia de todo tipo, inseguridad, robo de los dineros del pueblo, abortos, discriminación, abusos variados, mortales ataques al ecosistema, violación de las leyes, estupros, tráfico de personas, de drogas, de órganos, de armas, manipulación de muchas formas, falta de agua, falta de oportunidades, ingobernabilidad, gentrificación, etc.
Ese estado caótico en que se encuentra nuestro mundo tierra es consecuencia del estado enmarañado en que se encuentra nuestro mundo interior. Así pues, lo exterior es consecuencia de lo que interiormente somos.
La sociedad es la extensión del individuo: si el individuo se roba un peso, el prójimo le robara miles de pesos, el gobierno le robara millones. Si hoy matamos, mañana nos matarán, si hoy robamos, mañana nos robaran, si hoy violamos, mañana nos violaran, si hoy defraudamos, mañana nos harán fraude, etc.; y así, llenos de dolor, levantamos los ojos al cielo y decimos: “Dios porque te ensañas conmigo que soy tan bueno, si yo no hago mal a nadie” … Y así vagamos por la vida y al fin morimos sin habernos dado cuenta de que los dolores o males que vivimos los provocamos nosotros mismos, con nuestras murmuraciones, nuestros juicios equivocados, nuestras venganzas, nuestros celos, nuestros apegos, nuestros adulterios, nuestras vanidades; la estela de dolor que dejamos, por generaciones, en los corazones de nuestros familiares por nuestro machismo, nuestro feminismo, nuestros vicios e inclinaciones hacia el mal, etc. Todo esto, sin darnos cuenta de nuestro egoísmo recalcitrante, ni de la trascendencia fatal de ese modo de sentir, pensar y actuar.
Todo esto, en lugar de provocarnos tristeza, abatimiento, desolación, pensamientos negativos; nos debe generar la inquietud de saber, de investigar, de poner en claro porque somos así, cual es el resorte secreto que nos empuja, de manera tan poderosa y casi invencible, a observar esos comportamientos abominables que mostramos en momentos determinados.
Realmente, esas circunstancias son una maravillosa área de oportunidad para auto conocernos y así estar en condiciones de descubrir esos yoes que nos hacen tan perversos y regenerarnos.
Quien, para transformase, acepta los trabajos conscientes y los sacrificios voluntarios, consigue eliminar sus errores internos y despierta poco a poco la conciencia, de lo contrario, nuestra conciencia no podrá liberarse ni gozar del poder espiritual.
Señala el Maestro Jesús:
“debéis convertiros en buscadores, y cuando encontréis has lo que encuentras.”
Igualmente recomienda:
“buscad el reino de Dios y su justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura”
Jesús, nos invita a ser buscadores activos de la verdad, la justicia y el Reino de Dios, y una vez que esa verdad o sabiduría del Ser se encuentra, el llamado es a practicarla y vivir de acuerdo con ella.
Todos nosotros estamos llenos de errores internos que deben morir, vive dentro de nosotros una caterva de yoes que nos manipulan en todo momento, esos son los mercaderes del templo, que es nuestro propio cuerpo, esos son los comerciantes que el Maestro Jesús sacó del templo, esos son los siete demonios que el gran rabí de Galilea extrajo de María Magdalena.
Son los agregados psíquicos de los tibetanos, causa de todo tipo de enfermedades y problemas: Todos tenemos lujuria, causa de dolor y miseria en los hogares; todos tenemos orgullo, causa de discriminación y separatismo social; tenemos ira, que nos arroja a la violencia, al insulto, a la guerra, al asesinato; poseemos codicia, que nos lleva a cometer todo tipo de atrocidades para tener dinero y poder; manifestamos gula, en el comer, en el vestir, en el hábito acumulativo; nos aflora la envidia que nos lanza a criticar a nuestros semejantes porque les va bien en lo económico, en el amor, etc.; se nos nota la pereza que nos hace vivir en la suciedad, en abandono del cuidado hacia nuestra persona, de nuestro hogar, de nuestro centro de trabajo; cargamos vicios que nos destruyen y destruyen a la familia.
Esos son los mercaderes del templo que no nos dejan ser libres.
A ellos se refería el Maestro Jesús cuando decía:
“quien quiera seguir en pos de mí, niéguese así mismo”
es decir, yo no soy esa muchedumbre de yoes que constituyen el ego. Yo soy Juan, María, Roberto, Sofía, etc.
También señala el Mártir de Calvario:
“si no hacéis del sábado, sábado, no veréis al Padre”.
El nombre del sábado, viene del nombre del planeta saturno, que es el planeta de la muerte, de modo que la frase del Maestro se traduce así:
“si no hacéis de la muerte, muerte, no veréis al Padre”.
Así pues, todos esos mercaderes, esos demonios y sus legiones deben de morir; son los parientes de los que nos habla la Biblia hebrea y El Bhagavad Gita o Canto al Señor de los hindúes; son el error dentro de nosotros. Darles muerte es un trabajo, básico, fundamental que tenemos que realizar si queremos vivir en paz y, un día, ver al Padre.
La Bendita Diosa Madre Muerte con su corona de cráneos, no es una madre alcahueta, que todo les justifica a sus hijos y que por esa irresponsabilidad han llenado al mundo de crimen y dolor.
La Bendita Diosa Madre Muerte, es la que nos ordena eliminar, con su ayuda, a esos yoes que nos alejan de ella.
Es su tercer aspecto como Madre; ella castiga o premia a sus hijos cuando lo merecen; es tanto su amor por nosotros que es la que, permite que por las buenas o por las malas, se nos elimine el ego en los mundos infiernos, para que la esencia, su hijo, se libere; es la reina de los infiernos, ella es la Coatlicue azteca, la Proserpina romana y también es la Hécate griega; bajo su dirección trabajan los ángeles de la muerte, los cuales cortan, con su guadaña, nuestro hilo de vida cuando ella lo decide.
La Madre Espacio convertida en Madre Muerte, ama entrañablemente a sus hijos y por eso se los lleva para que sean purificados en el inframundo maya.
Una persona sin defectos no sufre, no discute, ve las circunstancias de la vida como áreas de oportunidad para crecer interiormente. Es indiferente ante la perdida y la derrota, ante la pobreza y la riqueza, ante la ofensa y el halago.
Una persona sin yoes vive en equilibrio en todos los aspectos de la vida, y así levanta a sus hijos, sabe que de la calidad de la unión intima, con su pareja, depende la calidad de los hijos, por lo tanto, forma hogares felices y le da al mundo vástagos que son un verdadero ejemplo para sus semejantes, esta clase de personas son profundamente espirituales, estoicas, invencibles, aman profundamente a sus semejantes, confían en que si tienen un recto sentir, un recto pensar, un recto actuar y una recta forma de ganarse la vida, el Padre les dará todo lo que necesitan, son las que exclaman todas las mañanas esta oración:
“Nosotros somos fuertes, nosotros somos ricos, nosotros estamos llenos de suerte y armonía OM, OM, OM.”
el mantra del Padre que está en secreto.
Así pues, finos amigos, ¡alegraos!, pues ya no tienen que buscar, gracias a los maestros, aquí se nos está entregando la gnosis, el conocimiento, la sabiduría que nos ayudará a conseguir una transformación radical, trascendente y revolucionaria…

Por: Jose Isabel Mauricio Vargas
Imagen: Cempoala : Lugar de las 20 aguas, fotografias tomadas por alumnos del ICQ