El Colibrí

Por sus características tan particulares, el colibrí siempre ha sido el símbolo ancestral de valores trascendentales, su vuelo rápido, su tamaño pequeño, la inteligencia que posee, su gran pico, la única ave capaz de volar para atrás y muchas otras cosas lo han hecho merecedor de representar cualidades como la diligencia, la alegría, la tenacidad, la fuerza espiritual y hasta ser el mensajero de los hombres y de los dioses.

El colibrí como la Voz del Silencio

Colibrí. Fotografía: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

Entre los mayas y mexicas, se ha considerado el colibrí como mensajero de buenas nuevas de los seres queridos tanto vivos como fallecidos y de los dioses. Una leyenda maya dice que los dioses habían terminado de crear a todos los animales, dándole a cada uno su misión. Se dieron cuenta que no había ningún animal que actuara como mensajero y habiéndose acabado el barro y el maíz con lo cual fueron hechos los demás animales, tomaron una piedra de jade (las virtudes del alma y la vida), la tallaron dándole forma de flecha (la conciencia libre) y soplaron sobre ella (el hálito divino), dándole vida y así apareció el colibrí.

Es asombroso como un colibrí puede estar en una flor libando su néctar sin siquiera lastimar un solo pétalo, aún de las más delicadas flores. Por todo esto antes dicho, es el símbolo perfecto de los mensajes del Ser, que se logran en la quietud mental, cuando nos sumergimos en meditación, lo que la maestra Blavatski mencionó como “la voz del Silencio” o don Emanuel Kant llamara “intuitos”.

A pesar de ser una costumbre tan popular, el considerar la visita de un colibrí como un signo de la buena suerte, de buenas nuevas, es obvio que a la luz de la gnosis nos recalque la necesidad de actuar como un colibrí durante la meditación, en el más absoluto silencio mental, concentrados profundamente en nuestro dios interior profundo para recibir los mensajes divinos o del Ser para guiar nuestra vida.

El Colibrí como símbolo de la energía sexual

Colibrí. Fotografía: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

Entre la gran variedad de mitos mesoamericanos se puede entender las flores como símbolo de la energía sexual femenina asociado generalmente a la Luna y el colibrí como la energía sexual masculina y asociado al Sol. Sin embargo, no solamente nos habla en si de esta fuerza como capaz de crear la vida, sino que estos símbolos nos tratan de dar a entender la capacidad de aprender a transmutarla.

Así lo podemos apreciar en el Chilam Balam, un gran libro de la sabiduría maya, menciona que en el tiempo cuando todavía no existía nuestro actual Sol, baja “el de los huesos verdes” (Pizlimtec) y el que es Eterno lo transformó en un colibrí, chupó entonces la miel de la flor de los nueve pétalos.

Podemos interpretar en este relato místico esotérico el que todos los seremos humanos debemos aprender a extraer la miel, es decir transmutar la energía sexual mediante la magia del amor en el matrimonio (flor y el colibrí); continúa el Chilam Balam describiendo que cuando se abrió el cáliz de la flor, estaba el Sol dentro, representación de la encarnación de nuestro espíritu o Ser.

El colibrí como la esencia o conciencia

Colibrí. Fotografía: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

Las tradiciones del México antiguo relatan que al morir los guerreros en el campo de batalla (los que luchan por eliminar sus defectos psicológicos) o las mujeres que morían en el parto llamadas “mujeres diosas” (Cihuateteotl), tenían derecho por su gran valentía de acompañar al Sol en su marcha, resguardándolo de los peligros que los acechan diariamente en su recorrido. Afirman nuestros antepasados que pasados cuatro años se transformaban en aves, entre ellas el colibrí.

Podemos entender con esta sabiduría milenaria que representa la conciencia libre, emancipada del ego que ha muerto en el campo de batalla que es la vida, para así tener el derecho de acompañar a nuestro Ser representado por el Sol.

El colibrí como el Cristo Íntimo

Colibrí. Fotografía: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

Uno de los dioses principales de la “gente de México” (mexicas) es “Colibrí Zurdo” (Huitzilopochtli), quien nace de un milagro, pues una pluma fina que desciende del cielo es lo que fecunda a su madre. “La de falda de serpientes” (Coatlicue) cuando barría, haciendo penitencia, en el “Cerro de las serpientes” (Coatepec).

Su madre “La de falda de serpientes” es la madre divina interior particular, el “Cerro de las serpientes” es el camino de la iniciación y “Colibrí zurdo” es el Cristo íntimo.

Al nacer inmediatamente se atavía con su ropaje de guerra, para combatir a los “cuatrocientos surianos” -nuestros innumerables defectos psicológicos- y la hermana mayor de estos de nombre “La de cascabeles en las mejillas” (Coyolxauhqui) -nuestra lujuria-, es una perfecta alusión pues el colibrí siendo tan pequeño, tiene una gran fuerza, como la tiene el Cristo íntimo.

Muy semejante a David (el Cristo íntimo) cuando lucha contra el gigante Goliat (el ego animal), es el colibrí símbolo de esa fuerza del amor aparentemente pequeña, pero ante la cual no hay nada ni nadie que se pueda oponer.

El colibrí como tótem

Colibrí. Fotografía: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

La naturaleza tiene en su haber miles de secretos que jamás serán accesibles mientras sigamos en el camino del materialismo y degeneración. La naturaleza no es algo muerto, cada animal, vegetal y mineral tienen alma, llamada en la gnosis como elemental.

Los poderes misteriosos de los elementales solo son otorgados a quienes aprenden a amar y respetar verdaderamente a la madre naturaleza. En las comunidades de Oaxaca en México, se tenía la costumbre de sembrar un árbol con el ombliguito del niño recién nacido, así unían el elemental vegetal como guardián del niño.

En los habitantes de Norteamérica es muy conocido el culto al tótem y magistralmente lo han hecho representar en figuras artísticas bellamente talladas en madera.

“En todos los cultos religiosos encontramos las huellas del totemismo: los hindúes veneran la vaca blanca; los caldeos, la oveja humilde; los egipcios, el buey; los árabes, el camello; los incas, la llama; los mexicanos, el perro y el colibrí; el cristianismo gnóstico primitivo reverenció al cordero, al pez y a la blanca paloma como símbolo del Espíritu Santo”. (Samael Aun Weor).

No es de extrañarse que en el México antiguo sea tomado el colibrí como un símbolo de veneración, ya que no se refiere al animalito en sí, sino a los poderes que representa como elemental, así lo reconocieron los místicos iniciados de la antigüedad.

La superficialidad, característica de los que vivimos en esta época, nos ha llevado a tomar actitudes inútiles, como ponernos un tatuaje o un nombre simbólico, pero eso no significa en modo alguno haber penetrado en los misterios sagrados de los elementales.

Si verdaderamente anhelamos algún día penetrar en la magia elemental, como la del colibrí, es necesario que no solo nos ganemos su cariño, que los protejamos y alimentemos; aún más es indispensable que seamos capaces de ver los valores positivos, la esencia de cada ser humano, como hace el colibrí al extraer lo mejor de cada flor.

Que nuestro vuelo en la vida se parezca al del colibrí, siendo diligentes, prontos, activos y silenciosos (sin andar de presuntuosos). Tener la capacidad de adaptarnos a todas las circunstancias de la vida, como lo hace el colibrí, siendo capaz de detenerse en el aire, volar hacia arriba, abajo y atrás, sin quejarnos de los obstáculos y problemas que se nos presentan.

Nunca se ha visto esta ave encerrada y es así como nosotros debemos vivir libres de ataduras, sin cárceles mentales, libres de las cadenas mortificantes del orgullo, pereza, gula, envidia, pereza, lujuria y codicia; entonces verdaderamente el elemental o tótem del colibrí nos revelará poder y sus secretos.

Colibrí. Fotografía: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

Enviado por: Jenaro Ismael Reyes Tovar.

Bibliografía: Doctrina Secreta de Anáhuac y Matrimonio Perfecto. Samael Aun Weor.

Fotografías: Citlali Yamail Rodríguez Licea (Gnosis ICQ).

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