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Libro: Tláloc, el vino que bebe la tierra

Capítulo 1. Tláloc, el todo en la unidad

Capítulo 1. Tláloc, el todo en la unidad

La doctrina secreta del México antiguo está saturada de una inconmensurable sabiduría divina, la cual escapa del razonamiento subjetivo que, en esta época, tristemente, tenemos muy desarrollado. Sólo aquél que es capaz de alejarse del bullicio de la mente, de ese batallar de las antítesis, podrá encontrarse con un conocimiento ilimitado.

Las enseñanzas que se plasmaron en los antiguos códices, estelas, pirámides, murales, cerámica, etc., tratan de dirigirse a la conciencia. Cuando se habla de Tláloc, se abarca un ilimitado número de fuerzas, leyes, virtudes, conocimientos, etc., que únicamente el sincero buscador podrá develar.

Nombre de Tláloc

Hombre-jaguar con un recipiente con el rostro de Tláloc, repartiendo el agua. [Cacaxtla México. Foto: Virgilio Cuautle ICQ]

Hombre-jaguar con un recipiente con el rostro de Tláloc, repartiendo el agua. [Cacaxtla México. Foto: Virgilio Cuautle ICQ]

El significado de su nombre nos hace entrever lo importante que es el agua para la vida, sin ella sería imposible que se manifestara toda la creación.

«Tláloc dios de la lluvia. “Tlali”: tierra; “Octli”: vino; “el vino que bebe la tierra” (Magia Crística Azteca. Samael Aun Weor).»

Bellísima descripción que nos da pie a varias enseñanzas trascendentales; primeramente, es el agua la fuente de vida para que se manifieste todo lo que ha sido, es y será; es el agua que fertiliza la tierra para que se dé la vida; pero, no sólo debemos atender lo meramente exterior, también lo podemos encontrar en nosotros, la tierra es también nuestro cuerpo físico, y las aguas nos refiere a la energía creadora, la misma que nos dio la vida.

Por lo que el significado de su nombre, nos invita a tener un cuidado muy especial, tanto como para cuidar las aguas del mundo, como las aguas que nos dieron la existencia. Nos invita a no desperdiciarlas, pues son el vino que bebe la tierra.

Las fuerzas de la Naturaleza

Uno tiende a llevar a lo más superficial la enseñanza que los maestros de todos los tiempos han querido dejarnos. Sin duda alguna, no nos gusta ahondar y por este motivo, nos perdemos de todo lo mejor.

Un ejemplo de ello es cómo antropomorfizamos a Dios; lo imaginamos con forma de un ser humano, quizás como un anciano encanecido; y, todavía peor, proyectamos los defectos que tenemos en aquello que no tiene nombre. Muy frecuente es aquella frase: “Por qué a mí, Dios mío”, como si fuera la divinidad la culpable de lo que nosotros mismos hemos sembrado.

Comprender a Tláloc es saber qué es la lluvia en sí misma, el trueno que reverbera haciendo estremecer la naturaleza, es el rayo impactante que cae sobre la tierra, es el cerro que tiene un manantial de agua, es cada una de las hermosas nubes que forman figuras caprichosas, es la fuerza del agua manifestándose en la creación entera.

Tláloc, como fuerza de la naturaleza, está en todas partes, se manifiesta en lo insignificantemente pequeño y en lo inconmensurablemente grande, es uno y es todo, es el charco que se crea después de la lluvia en la vera del camino, y es el océano que alberga millones de criaturas.

Las aguas puras de vida

Hombre-jaguar con un recipiente con el rostro de Tláloc, repartiendo el agua. [Cacaxtla México. Foto: Virgilio Cuautle ICQ]

Hombre-jaguar con un recipiente con el rostro de Tláloc, repartiendo el agua. [Cacaxtla México. Foto: Virgilio Cuautle ICQ]

Tláloc no sólo está en la naturaleza entera, también lo encontramos dentro de nosotros, está en el agua que conforma parte de nuestro cuerpo; pero aún más, Tláloc es el agua pura de vida, esa agua que dio origen a nuestra existencia.

Los alquimistas medievales alegorizaron a esta agua como el mercurio filosofal y los libros sagrados de todas las religiones del mundo hablan que de ahí surge todo lo que es, ha sido y será. Es obvio que tales aguas son la fuerza sexual, la cual debemos aprender a usar correctamente, dignamente, pues tiene el poder de la creación.

Tláloc un ser iluminado

Olla-Tláloc. [MAX]

Olla-Tláloc. [MAX]

Encontramos a Tláloc como parte de la naturaleza; también está en las fuerzas de la vida en cada uno de nosotros; pero a la vez es un ser que logró la iluminación que tanto buscaron los budistas, un maestro de perfecciones, un gran iniciado que rige al elemento agua y a sus criaturas inocentes elementales.

Un prototipo de perfección

Estamos muy alejados de la sabiduría del auto conocimiento, existimos en las sombras de la ignorancia y dolor. Cuando nos damos cuenta del estado en que vivimos, buscamos por todas partes una guía para salir del infortunio en que nos encontramos, desafortunadamente inquirimos en los sitios equivocados.

Los filósofos iniciados, auténticos artistas de renombre, lograron plasmar en los distintos atributos de Tláloc, ese camino a seguir, para salir de las tinieblas en las que, por nuestro propio gusto, estamos.

En cada elemento, si lo estudiamos con el corazón, veremos una verdadera luz de sabiduría, un prototipo de perfección a seguir. Descubriremos con asombro que cada adorno es una indicación precisa que debemos aplicar en nuestra vida.