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Libro: Tláloc, el vino que bebe la tierra

Capítulo 3. El Camino Esotérico a través de Tláloc

Capítulo 3. El Camino Esotérico a través de Tláloc

La forma de representar al maestro Tláloc en los códices es muy significativa, ya que cada símbolo es una forma de instruir al discípulo, de llamar la atención sobre ciertos aspectos del trabajo interior, nos muestra con sus símbolos el camino interior o esotérico.

Las anteojeras del dios Tláloc

Personaje con anteojeras, [MAX]

Personaje con anteojeras, [MAX]

Son varios los elementos que caracterizan al dios de la lluvia (Tláloc): unos colmillos serpentinos, una nariz trenzada, en la mano una bolsa de copal, un rayo o serpiente en la otra, pero resaltan en casi todas sus representaciones unas anteojeras, a manera de dos círculos o en ocasiones de un ocho acostado, o símbolo del infinito que cubren sus ojos.

Los círculos que forman las anteojeras del dios de la lluvia están hechos por las dos serpientes que descendiendo y trenzándose forman la nariz; y sus cabezas al juntarse hacen la boca, siendo en realidad, de las mismas serpientes los colmillos y lengua bífida tan característicos de este dios.

Los círculos que cubren sus ojos, son la representación de los ojos del padre interno que todo lo ve, pues a nuestro Ser interior no se le escapa ninguna de nuestras acciones, ni siquiera algún pensamiento o emoción. Muy similar emblema lo encontramos en el arcano número uno del tarot; en la parte superior, vemos los ojos del Padre siempre vigilante. También los encontramos en el símbolo del Pentagrama Esotérico, y, en este caso, representados en las anteojeras de Tláloc.

Tláloc [Dibujo: Rubén Soto. Museo Etnográfico de Berlín]

Tláloc [Dibujo: Rubén Soto. Museo Etnográfico de Berlín]

Los mismos círculos, tan representativos, nos hablan del elemento agua, pues son como dos gotas redondas de agua, pero al mismo tiempo nos señalan la gran importancia de ver hacia nuestro mundo interior, de dirigir nuestra mirada hacia el espacio psicológico para auto conocernos, de tratar de vivir en un estado de conciencia continua, observando nuestras emociones y pensamientos.

Es la manera azteca de indicarnos lo que los griegos esculpieron en el templo de Delphos: “Hombre conócete a ti mismo y conocerás el universo y a sus dioses…”

Las dos serpientes, que forman la máscara-rostro del dios de la lluvia (Tláloc), no son ajenas a las mismas dos serpientes que forman el caduceo de Mercurio, para aludir a los dos cordones tetradimensionales que todo ser humano tiene, y a través de los cuales es posible transmutar la energía creadora o aguas puras de la vida.

Es admirable que se tome el símbolo de la serpiente para formar la máscara que cubre el rostro del maestro Tláloc, ya que la serpiente es símbolo de la sabiduría oculta, de la sabiduría del Ser, y también del eterno principio femenino divinal (la Madre Divina), mostrándonos que el camino secreto se encuentra en el conocimiento de sí mismo, la auto-gnosis.

Los círculos hechos con serpientes, que cubren los ojos del dios de la lluvia (Tláloc), nos recuerdan a la serpiente mordiéndose la cola (uróboros), símbolo extraordinario de la alquimia medieval y de muchos pueblos de la antigüedad, para indicarnos que un ciclo se cumple, pero que comienza otro, porque la sabiduría del Ser es infinita.

Los colmillos de serpiente, propios en el dios de la lluvia (Tláloc), van muy de la mano con sus anteojeras, ya que nos hablan de conjugar el sentido de la auto observación psicológica (las anteojeras) con la firmeza que debe tenerse en el trabajo contra los defectos (los colmillos), la voluntad y fiereza que se necesita para enfrentarse a sus propios defectos psicológicos.

Cabeza de la diosa: “La de falda de Serpientes” (Coatlicue). [MNA]

Cabeza de la diosa: “La de falda de Serpientes” (Coatlicue). [MNA]

La máscara del dios de la lluvia (Tláloc), está formada por dos serpientes, muy similar a la cabeza de la escultura, enorme y maravillosa, de la diosa “La de falda de serpientes” (Coatlicue), que se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de México.

Atuendo de Tláloc

«Los nahuas lo representaban siempre en la "casa de la luna"; el rostro cubierto con la máscara sagrada a través de la que asoman sus ojos azules; brazos y piernas desnudos con brazaletes de oro en las pantorrillas y cactli azules; largos cabellos caídos sobre la espalda; diadema de oro adornada con plumas blancas, verdes y rojas y collar de cuentas de jade; túnica azul sobre la cual una malla termina sus rombos en flores, en la mano izquierda, escudo azul sobre el que se abren los cuatro pétalos de una hermosa flor roja; en la mano derecha, los símbolos del granizo y del rayo en oro pintados de rojo. A ambos lados, dos vasos de patas azules simbolizando al agua y a la Luna. (Magia Crística Azteca. Samael Aun Weor).»

El rostro cubierto con una máscara nos habla de lo divinal, que está oculto para el profano, mientras uno se apegue a lo ilusorio, a las pasiones, no tendrá la posibilidad de ver lo inefable, invitándonos a penetrar en el trabajo por el auto descubrimiento, para así descubrir lo divino.

Tláloc. [Códice Aubin]

Tláloc. [Códice Aubin]

Los brazaletes nos indican el camino litúrgico, es decir, que todo lo que hagamos en el mundo, debe ser considerado como parte del camino espiritual; por ejemplo: nuestra forma de ganarnos el pan de cada día no debe ser para nosotros algo indeseable, rutinario y cansón; más bien, debe convertirse en una de las fuentes de auto conocimiento. Por ello, es importante verlo como algo sagrado, pues de hecho así es, bien dice el axioma hermético: "Al trabajo de tus manos da bendición y en el del pensamiento poned corazón”. En el mismo orden de cosas, uno cree que la hora de ingerir nuestros alimentos, no tiene ninguna trascendencia, pero en realidad debería ser algo sagrado, litúrgico. Eso lo vemos claramente señalado por la famosa ceremonia del té entre los japoneses. Todas nuestras actividades cotidianas son especiales y debemos darles el valor que merecen.

Los largos cabellos que caen sobre su espalda son el símbolo de la pureza, de la castidad entendida no como celibato, sino como la erradicación de los múltiples yoes lujuriosos que hemos venido desarrollando a lo largo de la existencia con fuerza descomunal. Es el mismo simbolismo del cabello de Sansón, si lo cortamos (si abusamos de la sexualidad), perdemos todo poder.

Las sandalias (cactli en náhuatl) de color azul, nos hablan de la humildad que debemos desarrollar; ya que el orgullo, la vanidad, la auto importancia, el engreimiento, nos separan de los principios espirituales; mientras uno piense de sí mismo que es como algo superior a los demás, esto es un serio obstáculo para avanzar. Por ello, las sandalias nos muestran que, para caminar espiritualmente, sólo es posible con la humildad. El color azul es el color que nos indica el amor.

Una diadema de oro adornada con plumas blancas, verdes y rojas nos representa el dominio de la mente, debemos liberarla de las cárceles de los preconceptos, prejuicios, dogmas y fanatismos. Nuestra mente hoy en día es terriblemente materialista, pero podríamos ponerla al servicio del Ser, es por eso que debe ser de oro, indicando con esto que debemos dejar de ser lunares y convertirnos en solares. Las plumas son la espiritualidad trascendente.

El collar de cuenta de jade, simboliza las virtudes a desarrollar, cerca de la región del alma humana (de acuerdo con las enseñanzas del árbol de la vida en la región del corazón), atributos, fuerzas, dones, poderes que se desarrollan con la muerte de nuestros defectos. Cada Yo absorbe una virtud.

En una túnica azul, sobre la cual una malla termina sus rombos en flores, son, unos y otras, los vehículos para que el espíritu se pueda manifestar, llamados en la gnosis: cuerpos solares o cuerpos existenciales superiores del Ser.

En la mano izquierda, un escudo azul sobre el que se abren los cuatro pétalos de una hermosa flor roja. Como podemos observar, el color azul de las sandalias, de la túnica y ahora del escudo, nos hablan del trabajo que debe existir amando a la humanidad, ayudándola en lo que nos sea posible; no puede existir egoísmo si anhelamos verdaderamente avanzar. En este caso, al formar parte del escudo, nos indica que, con amor, no existe fuerza negativa que nos pueda dañar. Los cuatro pétalos de la flor roja nos llevan a la sabiduría hindú, pues es el famoso chakra Muladhara o iglesia de Éfeso, que exactamente tiene esos 4 pétalos o canales, y es donde se encuentra un poder formidable relacionado con el eterno femenino divinal.

Figurillas serpentinas alegorizando el rayo. [MTM]

Figurillas serpentinas alegorizando el rayo. [MTM]

Figurillas serpentinas alegorizando el rayo. [MTM]

Figurillas serpentinas alegorizando el rayo. [MTM]

En la mano derecha, los símbolos del granizo y del rayo en oro pintados de rojo. Dos elementos opuestos, pero que pueden conciliarse, el granizo simbolizando el agua, y el rayo representando el fuego. Nos hablan del génesis de todos los libros sagrados. El fuego fecunda el agua y entonces viene la creación, no sólo en el macrocosmos, sino también en el microcosmos hombre. En la alquimia fueron representados por el azufre (fuego) y el mercurio (agua).

A los lados, encontramos dos vasos con patas azules, representación de las aguas puras de la vida, y de la luna, como emblema del eterno principio divinal o la Madre Divina.

Glifo de Tláloc

En la página ocho del Códice Borgia encontramos este precioso símbolo representando a Tláloc, una anteojera con marcas serpentinas (símbolo de la sabiduría), dividido en cuatro y en cada división un punto.

Glifo-Tláloc. [Códice Borgia]

Glifo-Tláloc. [Códice Borgia]

Es el símbolo del sagrado cuatro o Tetragrámaton griego, la trinidad ya conocida como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, más la unidad de vida, nos dan la referencia a lo más exaltado, lo más divino, lo más elevado. Se refiere al no manifestado, al incognoscible, a lo que en sánscrito se denomina como “Aquello” (Sat), también se le llama: “El Dios Desconocido” (Agnostos Theos); el origen de todo lo que es, ha sido y será.

Nuevamente nos reafirma la idea de que las anteojeras aluden al cuidado constante del Padre que está en Secreto, que cada ser humano tiene, que lo sabe todo; pero al mismo tiempo, nos habla de la vigilancia que necesitamos de sí mismos para auto conocernos y así integrarnos con aquello que no tiene nombre, ni orillas, ni límites jamás.

Ollas Tláloc

Olla-Tláloc. [MTM]

Olla-Tláloc. [MTM]

Son muy significativas las denominadas “Ollas Tláloc”, con ellas los ayudantes de Tláloc llevan el agua a donde el dios de la lluvia lo ordena. Extraordinarios símbolos del culto al eterno principio femenino divinal, manifestado completamente en cada mujer.

Es el equivalente al Santo Grial, esa copa santa que tanto se buscó en la época medieval y del que tantos relatos se escribieron en las leyendas del rey Arturo. Reza una máxima esotérica: “No busques fuera, lo que debes buscar dentro”, ya que el Santo Grial con toda su grandeza y majestad es el eterno principio femenino expresado plenamente en la mujer. Esa copa santa, entre los aztecas se representó en las “Ollas Tláloc”.

«Cualquier forma de vaso no tiene otra significación que la copa de Salomón, el vaso de Hermes, el Santo Grial, la copa o Gomor del Arca de la Alianza, etc., etc. Eso es obvio. (Samael Aun Weor. Misterios Mayas)»

Son muy identificables en las “Ollas Tláloc” los círculos que cubren los ojos de Tláloc (los ojos del Padre que está en secreto), la nariz trenzada (el mismo simbolismo del caduceo de mercurio), y la boca siempre abierta con los colmillos de fuera, esta boca abierta nos simboliza la creación, ya que ésta es a través del verbo.

Las distintas tradiciones del mundo, nos dicen que en la creación participó la palabra, los mayas en el Popol Vuh; la biblia en el evangelio de San Juan; y en México con la boca abierta del dios Tláloc, para indicar que la creación fue realizada por el verbo.

En la parte superior de estas Ollas-Tláloc, se observan triángulos, que algunos autores han relacionado con cerros (contenedores de agua), más esotéricamente podemos ver perfectamente la alusión a las tres fuerzas primarias de la creación: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Indicándonos que debemos reunir sus atributos que representan: el Padre, la verdad; el Hijo el amor; y el Espíritu Santo el poder. Además, estos son cinco picos, que de acuerdo con la cábala este número es el rigor y la ley; indicándonos un recto pensar, un recto sentir y un recto actuar.

Olla-Tláloc. [MTM]

Olla-Tláloc. [MTM]

Se puede observar, también, la lengua bífida, símbolo de la luz de la sabiduría inmortal. Hay que recordar que la boca, se forma con el encuentro de la cabeza de dos serpientes. Ahora bien, la lengua y los colmillos son serpentinos.

Bolsa de Copal

En varias representaciones puede encontrarse el dios de la lluvia (Tláloc) con una bolsa llena de resina de árbol para quemar (copal), y hacer con ello un incienso maravilloso; no está de más recordar, que en todos los pueblos del mundo ha sido utilizado en las ceremonias místicas, para llamar a lo divinal.

Las criaturas inocentes (elementales) que existen en el incienso, trabajan preparando el ambiente para las invocaciones sagradas.

El incienso era utilizado como una ofrenda a los dioses, no sólo en México, sino también puede verse la misma costumbre en Egipto, y en muchas otras regiones de la Tierra. Lo importante de esto, es darse cuenta que el incienso o copal no es en sí mismo la ofrenda, sino un símbolo que representa un trabajo espiritual realizado.

Tláloc con una bolsa de copal en su mano. [Códice Ríos]

Tláloc con una bolsa de copal en su mano. [Códice Ríos]

Recordemos que los reyes magos llevan al Cristo, precisamente, incienso, mirra y oro. En los grabados egipcios podemos observar la misma ofrenda de incienso entre comida, granos y otros elementos.

Es un error muy común, en esta época decadente, que uno se olvide de realizar el trabajo interior espiritual y sólo se quede con el puro símbolo, realmente el ofrendar incienso a la divinidad es como dar a entender: “Aquí está mi tarea realizada, he cumplido con mi trabajo espiritual”.

Que el dios de la lluvia (Tláloc) lleve, generalmente, una bolsa de copal, nos está invitando a que realicemos ese trabajo, el cual se relaciona con la transmutación de las energías creadoras, pues nuestra agua es la energía sexual, y ésta puede ser transmutada en vapores, humo o incienso que asciende por los cordones tetradimensionales conocidos en oriente como: Idá y Pingala.

Eso es exactamente lo que simboliza el incienso y la mirra de los reyes magos, la posibilidad de cambio, de transformación de las fuerzas más poderosas del ser humano y el dios de la lluvia (Tláloc), con su bolsa de copal en una de sus manos, nos lo recuerda, como diciéndonos: “Mira aquí está el camino”.