El Libro de los Muertos

Fragmentos del Papiro de Ani, la versión más común del Libro de los Muertos. Facsímiles producidos por E. A. Wallis Budge  (1890).

Fragmentos del Papiro de Ani, la versión más común del Libro de los Muertos. Facsímiles producidos por E. A. Wallis Budge (1890).

El Libro de los Muertos egipcio nos habla de los misterios de la iniciación. (Iniciado es el que se inicia en los misterios y ha logrado un avance en la búsqueda de la perfección para llegar a un fin que es la unión con Dios o con la divinidad) en este caso con Osiris.

La Iniciación es una aspiración que inquieta al estudiante cuando anhela un cambio, una transformación de sí mismo, con la finalidad de lograr la Autorrealización íntima del Ser y deberá prepararse internamente para pasar primero por las pruebas preliminares, iniciando con las tres pruebas del guardián del umbral. Deberá tener conocimiento de sí mismo, de cuáles son los errores cometidos, descubrirnos en el gimnasio psicológico de la vida misma, en la convivencia con nuestros semejantes, en el hogar, en la calle, en lo que hacemos en el día a día.

Los grandes fracasos de nuestra vida se deben al yo psicológico o los demonios rojos de Seth en la antigua civilización egipcia, el yo es energético, es deseo, recuerdo, miedo, violencia, ambición, envidia, ira, odio, venganza y muchos más y si queremos desintegrarlos, no debemos condenarlos ni justificarlos, sino comprenderlos y disolverlos con el auxilio de nuestra divina madre Isis.

En estado de meditación rogaremos a nuestro Dios interno: “Padre mío, tú que eres mi verdadero Ser, mi Dios interno, iluminadme, hazme ver mis propios defectos. Amen”.

Las iniciaciones no se compran ni se venden, son pagos que nuestro Ser y la Divina Madre otorgan por el trabajo que se realiza.

La iniciación es la misma vida, es algo muy íntimo del alma, debemos vivirla en la consciencia, en cada momento, en la convivencia con nuestros familiares y semejantes, en los eventos cotidianos del diario vivir, en situaciones adversas o agradables e insignificantes.

Todo conocimiento tiene dos aspectos: el público o exotérico para el hombre común y el oculto o esotérico para el adepto y es obvio que debemos adentrarnos primero en el círculo exotérico para posteriormente, si así lo anhelamos, ir avanzando gradualmente hacia la meta final que es liberar nuestra esencia.

El objetivo principal de la iniciación egipcia y la lectura del libro era evitar la muerte del cuerpo físico y encarnar al Ser interior y al padre que está en secreto. El iniciado se llamaba a sí mismo Osiris, el inmortal, el padre de los misterios y decía: “Soy el ayer, soy el ahora, soy el mañana”.

El grandioso esplendor de esta cultura egipcia es debido precisamente a su religiosidad, a la devoción y respeto a las cosas divinas y sagradas, la religión era inherente siempre a su vida, todo cuanto ocurría, desde los aspectos más simples hasta los más complicados eran obra de Dios y dependían de su voluntad.

Actualmente vivimos una época muy difícil debido a la falta de valores positivos en nosotros los seres humanos y los defectos están muy fortalecidos.

Dentro de cada uno de nosotros existen millares de defectos y todos ellos tienen muchas raíces y facetas que se ocultan entre los distintos repliegues del subconsciente, el mayor problema es que en cada una de estas criaturas animalescas se encuentra enfrascada la esencia y para que la luz de la consciencia embotellada dentro del Yo pueda brillar y resplandecer debe liberarse y esto solamente es posible con la aniquilación budista o la muerte del ego.

Cuando el aspirante a la iniciación se sienta con la fuerza, el valor y la suficiente intrepidez para entrar al camino iniciático, en su primera parte deberá enfrentarse al Guardián del Umbral, puede pedir las pruebas iniciales de este terrible monstruo en los mundos internos y en sus tres aspectos: astral (deseo), mental (mente) y causal (voluntad).

Fragmentos del Papiro de Ani, la versión más común del Libro de los Muertos. Facsímiles producidos por E. A. Wallis Budge  (1890).

El discípulo deberá invocar conscientemente en el mundo astral al primer guardián, y enfrentarse a este terrible monstruo, quien es el reflejo de nuestro yo psicológico, debe mantenerse sereno, alerta, sin temor y con mucho amor en su corazón.

Si sale victorioso será recibido en el salón de los niños con música y cantos, por el colegio de iniciados.

Viene posteriormente el momento de la segunda prueba. Esta es aún más terrible, se enfrentará al monstruo más poderoso que el anterior ya que representa nuestro aspecto mental inferior, debemos saber que nuestra mente aún se encuentra en estado animal, necesitamos conocerla y dominarla.

Si sale victorioso, se enfrentará al tercer guardián del umbral que se manifiesta en el mundo de la voluntad y ésta es más aterradora que las dos anteriores, está relacionada con los defectos afines a la mala voluntad.

Dentro del simbolismo cristiano existen los tres traidores del Cristo: Judas es el demonio del deseo, Pilatos el de la mente y Caifás el demonio de la mala voluntad.

Judas entrega al Cristo por treinta monedas de plata, por los placeres de la vida, licores, dinero, fama, vanidades, adulterios, etc. Pilatos, siempre se lava las manos, se declara inocente, nunca es culpable, se justifica a sí mismo, le pone la corona de espinas, etc., y Caifás, traiciona constantemente al Íntimo, vende los sacramentos, nosotros hacemos nuestra voluntad personal.

Posteriormente el adepto con el corazón en la mano debe resistir las tentaciones o pruebas de los dioses de los cuatro elementos: Mestha. Hapi, Duamutf y Kebhsennuf. Tierra, agua, fuego y aire con pureza en su corazón y una voluntad firme para enfrentar la lucha del bien contra el mal.

La imagen de la esfinge es símbolo material de un gran genio elemental de la naturaleza.

El discípulo debe tener las cuatro características de la esfinge: las garras de león que alegorizan valor y nobleza, las patas del buey representan la tenacidad, las alas de águila que simbolizan al espíritu y la inteligencia que es representada por la cabeza de la esfinge.

Cuando el estudiante se siente preparado porque ha liberado un porcentaje de consciencia y puede viajar conscientemente en cuerpo astral, puede pedir a los maestros de la logia blanca le lancen las pruebas de los cuatro elementos: Fuego, aire, agua y tierra.

Quien anhele entrar a este sendero, debe ser sereno ante sus enemigos, tenaz en sus propósitos y pasar con éxito los obstáculos que se le presenten y no desfallecer ante los fracasos, así como saber adaptarse a todas las circunstancias de la vida; por medio de estas cuatro pruebas se examina la moral del discípulo.

Antiguamente en Egipto, estas pruebas se presentaban en el mundo físico, posteriormente se viven en los mundos internos: Astral, mental y causal, aunque en ocasiones también en el físico. El candidato es examinado y si sale victorioso se le otorga una capa que lo distingue como chela de la logia blanca.

Posteriormente podrá el discípulo entrar a las nueve iniciaciones de misterios menores, cada iniciación tiene sus grados y cada grado sus pruebas, al aspirante le corresponderá vivir toda la pasión del divino maestro Jesús, todo el drama del Gólgota, este sendero es el de la iniciación. El aspirante será perseguido y acosado por sus enemigos, humillado, torturado, azotado, injuriado, deberá cargar su cruz y si protesta no podrá llegar a la alta iniciación, una prueba muy difícil es la llamada “Direne” porque se prueba la castidad del discípulo ante las tentaciones más terribles. Esta se pasa en el mundo físico.

Estas batallas que han vivido en carne propia los grandes maestros debemos hacerlas nuestras en cada instante, en cada momento de nuestra existencia, si es que en realidad queremos una transformación total de nosotros mismos y así alcanzar algún día el grado de hombre y más tarde el de superhombre, cada uno de estos grados de iniciación se reciben con la consciencia despierta.

Fragmentos del Papiro de Ani, la versión más común del Libro de los Muertos. Facsímiles producidos por E. A. Wallis Budge  (1890).

Sin embargo, aquí no termina el trabajo, si el iniciado anhela encarnar al padre que está en secreto (el Dios Osiris), tendrá que continuar con las iniciaciones de misterios mayores, con entusiasmo, mucho trabajo y más amor.

Es importante decir que tanto el hombre como la mujer tienen las mismas posibilidades de entrar al sendero de la iniciación, si la mujer también trabaja con los tres factores de la revolución de la consciencia: Nacer, morir y sacrificio por la humanidad, puede llegar a ser un adepto de la fraternidad blanca y llegar a las iniciaciones de misterios mayores.

En este camino de la revolución de la consciencia es indispensable mantener un estado de alerta continua, de auto observación, lo cual implica luchas terribles consigo mismos ya que a cada momento habrá obstáculos, tentaciones, pruebas, dudas, etc.; sin embargo, el iniciado deberá permanecer en acecho a cada momento en su trayecto, como nosotros en la vida diaria, debemos saber manejar nuestro mar interior, viviendo la sabiduría, el conocimiento adquirido; la vida es el gimnasio psicológico donde nos vamos a entrenar y adquirir el autoconocimiento.

Enviado por: Instructora. María Guadalupe Licea Rivera. San Luis Potosí, S.L.P.

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