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Capítulo 4. Rayos Solares

Rayos Solares

Rayos Solares

Los rayos solares que podemos apreciar en esta preciosa pieza arqueológica, son el símbolo de de la luz que nos ilumina en el sendero del autoconocimiento, de la sabiduría del Ser, de la Gnosis que debemos encontrar a través del descubrimiento de lo que somos, de lo que sentimos y de lo que hacemos.

Los cuatro simbólicos rayos solares más grandes se encuentran formando una cruz, emblema de la unión de las fuerzas magnéticas masculinas con las fuerzas magnéticas femeninas. Los cuatro rayos solares más pequeños forman, también, una cruz en X o cruz de San Andrés, representación de la desintegración de todo lo negativo y putrefacto que habita en nuestro interior, auxiliado por el entendimiento de la sabia canalización de estas fuerzas antes mencionadas.

En total son ocho rayos solares, recordándonos los ocho años de Job, la paciencia y tenacidad que necesitamos para el trabajo en el hogar, en el matrimonio, porque es en la unión con nuestro opuesto alquímico donde se nos hace posible encontrar el camino hacia la luz.

“Necesitamos con urgencia evadirnos de la sombría corriente cotidiana del acoplamiento vulgar común y corriente y entrar en la esfera luminosa del equilibrio magnético del “redescubrimiento del otro”, de hallar en tí la Senda del Filo de la Navaja, el Camino Secreto que conduce a la liberación final.” (Samael Aun Weor. Misterio del Áureo Florecer)

Chalchihuitl (Piedra Preciosa)

Chalchihuitl

La creación del cielo y las dimensiones, Huitl, precioso, es un círculo que representa el color. Cada color que se encontraba en el calendario azteca, era la representación de un sonido en particular, de modo que aquellos que sabían interpretar la sabiduría, podían escuchar o interpretar la música que está escrita en el calendario para instruir aún más a la conciencia a través del arte del sonido combinado con el color.

Así como cada átomo produce una vibración y ésta emite un sonido, así, también, cada color es vibración y la combinación de ellos produce una sinfonía sólo perceptible para los seres de conciencia despierta, del mismo modo que lo hace un músico cuando interpreta lo que lee en los pentagramas musicales. El que tiene entendimiento puede comprender la música implícita en cada estela, códice y, en este caso, en la Piedra del Sol.

Aquí concluimos que el círculo de Chalchihuites, como trazo perfecto aunado al sonido, se interpretaría como la preciosa creación y la geometrización del universo. Dios geometriza.

“Existe en todo el cosmos la escala sonora de los siete tonos. En todo el Universo resuenan los siete tonos de la gran escala con los ritmos maravillosos del fuego.” (Samael Aun Weor. Mensaje de Navidad 1965-1966. Cap. 1)

Los Cuatro Elementos

Cuatro Elementos

Los ornamentos de los chalchihuites preciosos están hechos de planchas de jade que tienen cinco perforaciones y están pegadas por medio de correas de cuero rojo y puntas de plumas terminando en una perla. Este es el ornamento más esplendoroso entre los aztecas y significa luz, fuerza y belleza.

Esta franja contiene plumas preciosas (símbolo del elemento aire), así mismo representa la mística trascendental y la ética superior; los rayos solares alegorizan al fuego; las perlas al agua y a las virtudes del alma y los chalchihuites (jades) representan al elemento tierra, recordándonos también los cuatro evangelios de Lucas, Marcos, Mateo y Juan.

Los cuatro elementos de la naturaleza intervienen en todo proceso alquimista, para transformarnos radicalmente. Se requiere de tenacidad y paciencia (Tierra), de fuerza espiritual (Fuego), de saber adaptarse a las diferentes circunstancias de la vida (Agua) y de atención consciente (Aire). Sólo así podremos llegar a encontrar el camino hacia el Ser.

No podía faltar el líquido precioso o sangre, símbolo de la transmutación de la energía creadora. Nótese la relación tan íntima entre estos tres aspectos: La sangre, el jade y el sol. Es obvio que la sangre tiene mucho que ver con el aspecto trascendental de la realización, con el Christus o Logos Solar. Recordemos la última cena del Salvador del mundo, sus palabras: “El que come mi carne y bebe mi sangre, le resucitaré en el día postrero”.